Lo amo día y noche, soñé que había muerto, soñé que iba a su sepulcro, mas él no estaba en ese aposento, y soñé que vagaba por cementerios buscándolo, y descubrí que cada lugar era un camposanto; los hogares llenos de vida, llenos igual de muerte (hogares como éste), las calles, el puerto, los lugares de asueto, Chicago, Boston, Filadelfia y el Mannahatta, llenos de vida igual que de muerte, más llenos, vastamente más llenos de muerte; y a cada persona, sin importar su edad, diré lo que soñé, y me mantendré firmemente atado a ello, desechando y deshaciéndome de estos campos de entierro, si los monumentos a los muertos se erigieran en otros suelos, aún en el cuarto donde como o duermo, estaría satisfecho, si el cuerpo de mi amor, mi propio cuerpo, diligentemente se volviera polvo echado al mar, estaría satisfecho, si se hiciera uno con el viento, estaría satisfecho.
La mujer que escribe siente demasiado, ¡trances y portentos! Como si los ciclos y los críos y las islas no fueran suficientes; los dolientes y chismes y vegetales nunca fueran suficientes. Ella cree poder advertir a las estrellas. Una escritora es una espía. Amor, yo soy esa niña.
Un hombre que escribe sabe demasiado, ¡hechizos y fetiches! Como si las erecciones y congresos y productos no fueran suficientes; las máquinas y galeones y guerras nunca fueran suficientes. Con muebles usados construye un árbol. Un escritor es un criminal. Amor, tú eres ese hombre.
Nunca amándonos, odiando incluso nuestros zapatos y sombreros, amamos al otro, precioso, preciosa. Nuestras manos son de un azul gentil y claro. Nuestros ojos están llenos de terribles confesiones. Al casarnos, Los niños huyen con asco. Hay demasiada comida y nadie que trague esta extraña abundancia.
Amor, en qué otras vidas y tierras conocí tus labios tus manos tu valiente carcajada irreverente. Esos excesos exquisitos adoro. Qué garantiza volverte a encontrar en otros mundos sin fecha definida. Desafío el apuro de mi cuerpo. Sin la promesa de otro dulce encuentro no me digno a morir.
La ruta ciega está inscrita en tus palmas: lleva la voz negociada que vuelve a sangrar en las puntas de este braille labrado en sueños. Un respiro acorta el pabilo de mis balbuceos y enciende el aire nunca antes retraído. Tu cuerpo es la propia agonía calculada y camina con el peso del fuego.
Construyamos aquí una amistad exquisita, La flama, el otoño y la rosa verde de amor Consumaron su conflicto en este lugar admirable; Donde hayan estado, se encuentran, esta tierra es sagrada.
Ellos son mácula en tus banquetes amorosos, sentados a tu lado sin respeto. Son pastores pensando sólo en ellos mismos, nubes sin agua abandonadas al viento; árboles de otoño sin fruto, completamente muertos y sin cimiento.
Furiosas olas del mar, espumando su propia vergüenza; estrellas errantes para quienes está dedicada la oscuridad de la noche eterna.
De mi ciudad, lo peor que los hombres dirán es esto: Arrebataste pequeños críos al sol, al rocío y al destello jugando en la hierba bajo el cielo y la lluvia imprudente; los pusiste entre paredes a trabajar, rotos y sofocados, por pan y un salario, a comer el polvo en sus gargantas y morir descorazonados por un puño de pago en ciertas noches de sábado.
La música debe ser la cosa más improbable, y por ello más hermosa, del universo.
A través de las galaxias y los hoyos negros y cada centímetro de planetas habitables o inhabitables, la vida se creó por un sinfín de coincidencias inefables. Una de las ramas de esta evolución dio una pequeña flor muy hermosa, la mente humana. Y de esa flor fluyó el elíxir inagotable de la música.
Aún no se sabe a ciencia cierta qué originó a la música. Los rituales del movimiento, la necesidad de expresar emociones sin palabras, la satisfacción de los sonidos nuevos y los ritmos hipnotizantes... otra dimensión de posibilidades dentro del pensamiento que confluyeron armónicamente en el arte más sofisticado y violento.
La música es algo poderoso, a veces lo olvidamos, pero yo lo he visto actuar y lo respeto. He visto llorar a mis personas amadas con una canción, he visto los niños más felices bailar en un jam de jazz y he visto a miles de personas gritar indignadas y a todo pulmón los valores en los que creen y por los que morirían.
En mi propia experiencia, he experimentado con la música todo tipo de emociones; la paz, el enojo, la tristeza y el amor. Al mismo tiempo he descubierto una sensación más, cuyo nombre desconozco: el placer de la música misma. Ese momento en que las notas se funden con tu cuerpo en un verdadero roce de placer, haciéndote perder el control y cantas y bailas y sientes y lloras y te enamoras.
La música para mí es un acto espiritual, me hace trascender el cuerpo. Porque ya no soy yo, soy verdaderamente uno con el tiempo y el universo, con la materia que se mueve entre moléculas desplazadas en la frecuencia del acorde de re viajando de la guitarra a mi oído. Soy alguien más. Ya no éste de ahora, sino el niño que escuchó por primera vez la canción en la voz de su madre, el adolescente que la comprendió, el adulto que la hizo filosofía de vida. .
La música es esencial. Es el oroboros. Sin principio o fin. Existe en el espacio y se desvanece instantáneamente pero sobrevive en la mente de cada humano abierto a escucharla. Y a través de toda la especie se recrea y se reinventa establemente, formando el tejido más fuerte que conocemos. Es algo verdaderamente especial y hermoso.
El colmo de la perversa ignorancia del gobierno de Felipe Calderón viene empaquetado con dados y billetes falsos; es el Monopoly edición Vive México, que tiene como objetivo "promocionar de forma amena y diferente la riqueza cultural y natural de México".
Al anunciarse el proyecto, inmediatamente se lanzó una convocatoria para elegir los maravillosos parajes, ciudades o pueblos que formarían el tablero del juego, entre ellos Tlacotalpan, Tajín, el Santuario de la Ballena Gris, Monte Albán, Teotihuacán y Chichen Itzá.
Todos bellos lugares, patrimonios protegidos de la humanidad. Esto significa: no son propiedad o monopolio de nadie.
Cualquiera que haya jugado Monopoly (o su versión región 4, Turista), sabe que el juego, básicamente, se trata de ser un gandalla apañador y joderte a todos los demás jugadores, comprando propiedades, construyendo desmesuradamente y cobrando por el simple hecho de caer en la casilla. Aunque los jugadores se representan con objetos como un zapato, un sombrero o un camión, el ícono principal del juego es un mágnate estadounidense de monóculo, sombrero y cigarrillo.
No preveer la imagen y mensaje que este juego conlleva resulta indignante, no porque debamos tomarnos muy en serio una edición de un juego popular, sino porque debemos tomarnos en serio la visión del país que tiene nuestro gobierno. Si este juego representa uno de los esfuerzos por reactivar la economía turística del país después de la influenza, me pregunto: ¿a quién le están pagando por pensar y desarrollar estrategias? ¿de verdad esto fue lo mejor que se les ocurrió?
De entrada resulta patética la falta de imaginación: sólo haría falta visitar Cancún para saber que este juego ya lleva varios años jugándose, y que prácticamente todo México es propiedad de los hoteles Holiday Inn o alguno de la cadena Hilton.
Más patético es balconearse así: mostrarle a un pueblo saqueado e indignado que tu estrategia de gobierno es venderlo todo al mejor postor para que haga de nuestras bellezas naturales e históricas un negocio personal.
Y finalmente: ¿quieren reactivar la economía del turismo con un juego de mesa? ¿Que no ven que la gente juega en su casa cuando no está de vacaciones?
Ya de paso deberían hacer una lotería de todos los nuevos impuestos, un Operando con síntomas de la influenza y un Adivina Quién de secuestradores (el secuestrador de la niña Vargas tiene bigotes? Mmm, sí).
No soporto a toda esa gente nefasta que opina que ya todo está hecho o dicho, que los valores ya no existen, que el mundo está acabándose o que el rock está muerto...
Porque nunca ha habido tantas personas haciendo música honesta...
Porque nunca había habido tantos creadores de esculturas, instalaciones, dibujos, pinturas, edificios, programas de tv, transmisiones de radio o espectáculos en vivo...
Porque nunca había habido tantas personas investigando y estudiando el universo, desde lo meramente físico hasta el rincón más oculto de la psique humana...
Porque nunca habían existido tantos escritores de novelas, poemas, comics, artículos, blogs o twits, compartiendo a través de idiomas y países lo que es ser humano...
Porque nunca había habido tanta gente consciente de los derechos de todos los seres humanos, por estar vivos y tener esta maravillosa mente para superar nuestra injusta naturaleza...
Porque tenemos la tecnología necesaria para compartirlo todo con el simple hecho de quererlo.
Estamos viviendo el mejor momento de toda la historia del universo como lo conocemos y... ¿se atreven a denigrarlo? Bola de ingratos pedorros.
En el mundo hay espacio y tiempo suficientes para todas las expresiones y todos los sonidos. Hay gustos para todos también. Para lo que no hay cabida, creo, es para las cosas mal hechas y deshonestas.
No es que a mí me moleste, per se, propaganda como ésta sobre Natalia Lafourcade. En el internet también hay suficiente espacio para escribir lo que sea, pero pretender que la gente lea esto como un reportaje y no como un spot pagado por la disquera es razón y consecuencia del mediocre medio artístico en México.
De entrada, porque traer a discusión la diferencia entre el pop y la música "seria" a estas alturas parece un timo. En 30 años desde Jacko o Madonna, una enorme cantidad de gente ha demostrado que hacer música melódica (si a eso se le llama pop) no es una deficiencia. Entre ellos están Björk, Belle & Sebastian, los Cardigans, Blur, Pulp, Garbage, Beck, Badly Drawn Boy, Suzanne Vega, Tori Amos, Javiera Mena, Entre Ríos, Regina Spektor y un interminable etcétera. Ignorar esta historia y decir que Natalia Lafourcade está descubriendo el hilo negro es, francamente, hacer la tarea cinco minutos antes de la clase.
Natalia ha hecho cosas rescatables en su carrera, y se agradecen; pero suena como una misión azarosa redimir el reino del pop frente al jazz o la música clásica con ella en el trono. Sería cosa de hablar de pop en sus propios términos y preguntarse: ¿es bueno, innovador, único?
Yo lo dudo, y sólo basta darle una revisada veloz a los artistas antes mencionados para darnos cuenta que entre la "reina del pop" mexicano y el artista pop de cualquier otro lugar hay una diferencia enorme, brutal, insalvable.
¿Su música es única, igual que sus vestidos vintage? Cualquiera puede googlear y encontrar esto en cuestión de segundos:
Natalia Lafourcade
Lilly Allen
Tigrito
Osote
De verdad, no somos TAN ignorantes.
Pero sí somos mediocres en nuestros gustos y costumbres. En México hay una regla de oro: si el artista es local, tiene pase directo a la condescendencia. "Ay, no está tan mal", "Para ser de aquí, está chido".
Y sí, está chidito, para ser de aquí no está tan mal... ¿A eso aspiramos en nuestras vidas, a no estar TAN mal?
En la música y en el resto de las artes creativas, debería ser inadmisible la falta de honestidad. Natalia Lafourcade, estoy seguro, ha escuchado a gente como Björk y Lilly Allen. A lo mejor sus fans, no, y eso es una desgracia, porque aplaudirle a alguien por copiar, y copiar mal, es señal de una espiritualidad paupérrima. Vender algo que sabes que está mal desde sus raíces, o algo ajeno como si fueran tus propias ideas y tu propia personalidad, es algo que no parece digno de una "reina del pop".
Tampoco creo que sea bueno (o cómodo) escribir por encargo una nota paternalista sólo para congraciarse con algún editor, promotor o artista. Las palomillas, finalmente, mueren en su necio afán por entrar a la bombilla.
Porque hay de reinitas, a REINAS.
Una duda final. ¿Por qué el artículo de Plaqueta prefiere omitir esta parte de la carrera de Natalia? ¿Éste sí es pop feo, o qué no "el pop es el pop"?